Hoy es mi día

Querido amigo:

No creas que te escribo en estas fechas navideñas por que sea consciente de que la gente se siente más solidaria y abierta a los demás. Te escribiría todos los días del año, pero hoy es mi día, y tengo algo que contarte.

Me gustaría decirte que cuando te conocí, algo dentro de mi se revolvió. Me acerqué a ti por simple curiosidad, pero cuando te conocí, sin que ni tú ni yo lo quisiésemos, me conocí a mi mismo.

No esperaba encontrar nada a cambio en lo que hacía, pero como todos suelen decir, así ocurrió. Quiero creer que todo tiene un sentido, y que no fui yo quien dio contigo. Tenía que ser así. Quizá fue casualidad lo que nos unió, pero no lo querría creer así, porque ahora estoy mucho más feliz, y no me gustaría dejar este sentimiento tan grande en manos del azar. No creo que nadie entre o salga de tu vida por accidente, pero sea como sea a mi me ha cambiado. Saber que eres más feliz gracias a mi, igual que yo lo soy gracias a ti. Y ¿por qué? Por casi nada. Por un mínimo esfuerzo que vale la pena. Por levantarme un poco antes por ayudarte, por no matar el tiempo sobrante con cosas sin verdadera importancia. Por sentir que estoy aquí por alguna razón, igual que tu también lo estás. Esa necesidad que sentimos de encontrar una razón para explicar todas esas causas perdidas que hay en el mundo, y rescatarlas al menos en nuestro interior entendiendo que no todo es perder o ganar. También son las cosas que nos enseñan, y las que nos hacen llegar a comprender la increíble capacidad que tienen de hacernos mejores. Esa necesidad humana de querer que tu vida merezca la pena, que a veces no es posible sin intentar al menos que otra vida totalmente ajena a ti recobre su sentido. Es nuestra razón de ser, la que nos ha ido haciendo como somos, la que hace que estés leyendo esto en este momento. Nunca sabes el poder que puede tener esa pequeña pieza de domino que puedes estar tirando, y al conocer lo bueno que puede ofrecer el mundo es casi imposible no querer devolverlo. Y si puedes, ¿por qué no ibas a hacerlo?

Amigo, feliz día del voluntariado.

Canalsolidario.org te propone muchas actividades solidarias desde las más concursos de tartas, recogida de juguetes en tu ciudad, hasta viajar hasta Senegal para ayudar a hacer posible un mejor comienzo del nuevo año que se acerca. Seguramente lo que recibirás al ayudar será uno de los mejores regalos de navidad que te hayan hecho nunca.

http://www.canalsolidario.org/causa/navidades-solidarias-y-responsables/3

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Paula García Mora

Operación Kilo

Se acerca la época navideña y se multiplican las causas solidarias para los más necesitados. Porque en navidad, todos merecemos tener. Por ello, el Colegio Mayor Universitario Mara, que pertenece a la organización CUPDH (Comisión Universitaria Por Derechos Humanos), se suma a la ‘Operación Kilo’, que recauda comida en las puertas de los supermercados para donársela a indigentes y a comedores sociales. Yo he sido una de las chicas que ha estado esta mañana en la puerta del ‘Día’ pidiendo colaboración (con cara de no haber roto un plato nunca) para la causa a cada persona que pasaba; toda una experiencia, por supuesto, buena. ¿Queréis conocerla?

Para empezar, si algo me ha quedado claro es que una sonrisa no cuesta nada y vale mucho.  Que si no te interesa la causa solidaria, con buen humor puedes (casi) arreglarlo y al menos no dejas a los que te lo ofrecen con cara de tontos. Que hay gente que transmite una energía positiva increíble, gente con la mirada limpia; no sabes cómo, pero lo notas al instante. Luego, claro está, también hay muchas, demasiadas personas por el mundo a las que les hace falta tomarse un ‘All Brand’. Ya no es cuestión de donar o no comida, sino de las formas en las que lo dices, de la educación. No es muy difícil un poco de simpatía. Un ejemplo a seguir que se me ocurre, es el de un buen señor mayor, que aunque nos ha confesado sin rodeos que no iba a colaborar, al irse nos ha gritado con una sonrisa, después de haber estado charlando un buen rato: ‘¡espero que Dios os pague esto con un buen novio!’. Diga que sí buen hombre, Dios le escuche…

El caso…creo que no hay nada más gratificante que tratar con gente tan distinta, y más aún si es por una buena causa. No olvidaré a esa mujer que a pesar de que su marido dijera que no, ha entrado corriendo y nos ha comprado 3 paquetitos de legumbre….- ¿Y luego para la parroquia qué?- le ha preguntado el marido. -¡Para la parroquia también buscaremos algo!- ha contestado ella sonriendo. También están los que cruzan la calle con tal de que no les preguntes; los que te responden que lo sienten mucho, pero que ya colaboran con otras causas (si todos fueran verdad los españoles seríamos el país más solidario del mundo), los niños que con una sonrisa te meten un paquete de arroz en la caja y te alegran la mañana; las chicas emperifolladas que son superiores a ti y por eso ni te dirigen la mirada; los que van con la música y hacen como que no te escuchan aunque en realidad han bajado el volumen; los señores mayores que siempre dejan caer algún chiste fácil para hacerte reír…¡Ah!  ¡Se me olvidaba! ¡Incluso nos han confundido con unos aparcacoches! Sí, sin duda, hay gente para todo.

En definitiva, no está mal de vez en cuando unirse a alguna causa solidaria para darse cuenta de este tipo de cosas. Darte cuenta de que las personas mayores donan más que los jóvenes, de que en cuestión de sexos estamos igualados, y de que hay mucha gente necesitada a la que se le puede ayudar con muy poco. El año pasado,  también se llevó a cabo esta recaudación por las mismas fechas, en la que entre kilo y kilo, se llegó a la cantidad de 2.500kg de comida en un fin de semana. Los productos se dieron, entre otros, a la Parroquia de San Bruno,  y al centro de mujeres Karibu. ¿Conclusión? Con un poquito de cada uno, llegamos a mucho. Un ‘mucho’ que llega a convertirse en el ‘todo’ de las personas más necesitadas. Parece fácil, ¿no?

Elisa Cuevas Pomar

Una misionera en África

Se llama Araceli Guardeño, es madrileña y forma parte de la congregación de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia . Ha vivido 15 años y medio en Camerún y otro año y medio en el Congo, y recordar su experiencia allí aún le trae lágrimas a los ojos. Llegó como misionera y muchas ganas de darse a los demás, y lo cierto es que lo que se ha llevado de todos aquellos años es indescriptible. Prácticamente es el cariño de la gente que no tiene nada y te lo da todo, ¿Qué puede haber mejor que esto?
En la República del Congo la esperanza de vida ronda los 55 años, la luz es un lujo, y el Paludismo hace estragos. Muchas personas tienen que andar kilómetros y kilómetros para llegar a la escuela y al trabajo, y los cables de luz van por el suelo, así que es común que en los días de lluvia la gente los pise y muera electrocutada. Es una realidad que a nosotros nos resulta difícil de concebir, pero que desgraciadamente existe. “Y a pesar de todas estas necesidades básicas, del hambre…. les ves con una alegría que no es normal” reconoce Araceli llegando a la clave del asunto.

A pesar de todas estas consecuencias de la injusticia y la pobreza con las que conviven, siempre traerán una sonrisa por delante. Conservan valores que nosotros hoy hemos perdido, como la prioridad de las relaciones. “Allí te paras a hablar por la calle sin ninguna prisa, es como si todo el mundo se conociera, cuando lo cierto es que en nuestro mundo se mueven más por intereses.” Por otro lado, también sorprende su extrema solidaridad cuando no tienen las necesidades básicas cubiertas. A pesar de sus propias condiciones, el día que se enteren de que una vecina necesita cualquier cosa, harán lo posible para hacérselo llegar. Además, y por este mismo motivo, “el africano recibe a gente en su casa aunque no sea de su familia, tú puedes llegar a una de sus casas y siempre habrá una acogida” nos cuenta Araceli recordando el admirable trato que recibió siempre de toda esta gente.

Son muchos los misioneros y voluntarios que se desplazan cada año a países del Tercer Mundo para poner lo que esté de su parte para salvar las condiciones en las que allí se vive. Araceli, como una de ellas, nos cuenta que su labor era estar con la gente y compartir con ellos sus vidas. En el Congo, por ejemplo, hay una barbaridad de niños desamparados en la calle, y ellas ante este tipo de necesidades, se encargaban de abrir comedores sociales, escuelas…todo con sus propias manos y la ayuda de la gente. Por otro lado, entre todas estas ayudas, una que estaba subrayada en su agenda era la dedicación a las mujeres. Aunque no se les reconozca, son la columna vertebral de la economía de África; trabajan la tierra, hacen el comercio, sacan a su casa y a sus hijos adelante…Y a pesar de todo esto, aún no se les tiene en cuenta, y el camino hacia la igualdad que les queda por recorrer es inmenso.

Para acabar, reconoce que “África tiene algo especial. África tiene el ritmo en el cuerpo, tiene la cultura, tiene el paisaje…”. Para ellos cualquier excusa es buena para reunirse en una celebración; las danzas, los ritos y los cánticos nunca faltan. Desgraciadamente, la vida no vale nada a pesar de que la cultura africana la valora muchísimo, y cuando llega la muerte, la explicación de esta se atribuye en muchos casos a una especie de maleficio o brujería que ha caído sobre el difunto. En África no existen fronteras en el sentido de las religiones; se juntan con facilidad católicos, protestantes o musulmanes sin ningún tipo de prejuicio. Y, en África, la gente es especialmente agradecida. Por cualquier cosa que hagas por ellos, te traen un puñado de cacahuetes, te ofrecen un trozo de jabón o te hacen alguna de sus comidas. En África la gente no tiene nada pero lo tiene todo.

Esta es la historia de Araceli, una mujer aventurera que logró olvidarse por completo de su país y de la gente que conocía y se dio por completo a la pobreza de esos países. Dejó de lado un lugar en el que lo tenía todo para llegar a otro en el que las personas sonreían aunque no tuviesen nada. Allí vivió las experiencias más fuertes y aprendió desde subirse a un árbol a cambiar el aceite de un coche. Fue un día a día de supervivencia que la ha hecho más fuerte, y ha cambiado su visión de nuestro mundo para siempre. Confiesa que ahora de vez en cuando va revisando su armario para comprobar que no se llena y que solo tiene lo imprescindible, y que después de ver las pobrezas que vio, cuesta volver a nuestro mundo material y escuchar a la gente discutir por lo que en realidad son tonterías. Allí vio miseria, vio desgracia, vio enfermedades…pero si tiene otra vez la oportunidad, sin duda alguna, volverá.

Elisa Cuevas Pomar

DE CORAZÓN CON SANDRA

Hace dos semanas llegaba a nosotros una de esas noticias que a uno le gustaría escuchar más a menudo. Sandra, una niña de dos años que sufre una miocardiopatía hipertrófica obstructiva severa, podrá ser operada en un hospital de Boston especializado en sus casos, gracias a la solidaridad ciudadana. Las paredes del corazón de Sandra crecen a demasiada velocidad sin dejar que la sangre circule, por lo que desde que nació, esta niña tuvo que sustituir parques y juegos por hospitales y médicos. Para ella dar unos pasos significa un mundo, y se trata de una enfermedad que va a peor.

Hartos de esperar respuestas de los cardiólogos españoles, los padres de Sandra decidieron buscar una alternativa para actuar en cuanto antes; ‘cómo madre, la mejor opción es operarla ahora y la operas donde te dicen que tienen experiencia’.  De este modo, y debido a la incapacidad de la familia de cubrir los gastos de los que podría depender la vida de la pequeña, no les quedó otra opción que dar un salto al vacío confiando a ciegas en la solidaridad ciudadana. Cubrieron todo el barrio de Móstoles, lugar de procedencia de la familia, y se lanzaron a las redes sociales pidiendo una ayuda económica para esta niña rubita de dos años. Fue entonces cuando llegó la sorpresa que superó con creces las expectativas y destapó lo inesperado. Apenas unas horas después de lanzar el mensaje, ya se habían recaudado 50.000 euros, cifra suficiente para llevar a cabo la operación, prevista para el próximo mes de diciembre.

Esta instantánea respuesta ciudadana ha emocionado a todos los que colaboraban en apoyo de la pequeña, sobre todo teniendo en cuenta la difícil situación económica del país y la rapidez de la intervención. Daniel Ortiz, alcalde de Móstoles, también expuso su gratitud: “quiero transmitir la emoción que siente la familia ante la magnífica respuesta solidaria de todo el mundo. Haber cimentado la esperanza de una niña de 2 años es muy gratificante para todos los que de una manera u otra hemos colaborado en esta iniciativa. Gracias de todo corazón a todos los que han colaborado”.

Este tipo de casos, te hacen ver que a pesar de las atrocidades de las que hacen eco los medios de comunicación a diario, vivimos en una sociedad que aún no se encuentra del todo perdida. Miles de ciudadanos se han visto conmovidos por el caso de Sandra, lo que ha hecho que se vuelquen en una misma causa sin ánimo de lucro alguno. Aunque no sean muy comunes este tipo de sucesos, es cierto que de vez en cuando escuchamos una noticia así que nos saca una sonrisa y una gran satisfacción por el ser humano. Supongo que a todos se nos pronuncia esa empatía que llevamos dentro cuando se trata de ser solidarios o mostrar apoyo ciudadano.  Ya que, nadie sabe lo que le puede ocurrir mañana, ¿verdad?

Elisa Cuevas Pomar