Las tres heroínas de Newton

Hoy no voy a contaros una buena noticia. Es más, hablaré sobre la que ha sido la peor noticia de esta semana. Sé que no es lo que esperabais en un blog llamado El Vaso Medio Lleno, pero es que a veces no os imagináis lo difícil que es encontrar hechos positivos que contaros. Aunque, tampoco me he ido tanto del tema, sí es un poco de luz entre mucha oscuridad; algo a lo que agarrarse después de lo sucedido en Newton. ¿Por qué lo escribo en el blog? Pues porque aunque después del asesinato de 26 personas me niegue a denominarlo como ‘noticia positiva’, historias así también te conmueven, y te hacen pensar que siempre, pase lo que pase, todo podría haber sido peor. Os cuento.
Ellas son Victoria Soto, Anne Mary Murphy y Kaitling Roig, aunque en realidad podríamos llamarlas las heroínas del tiroteo del pasado viernes en el colegio Sandy Hook (Newtown, Connecticut). Las dos primeras dieron su vida por salvar a sus alumnos de 6 y 7 años, y la última tuvo más suerte ya que consiguió sobrevivir a la matanza escondiendo a sus 15 alumnos en un pequeño cuarto de baño. ¿Cómo hubieseis reaccionado vosotros de haber estado en su lugar? Sin duda, fingir que no pasa nada para no asustar a un gran grupo de niños de esa edad, aún sabiendo que se está produciendo una masacre a unos metros de ti, es digno de admirar como mínimo.
Y es que tenemos más datos sobre cómo actuaron estos ángeles, la cosa no se queda aquí. Por un lado, Anne Marie Murphy, una mujer de 52 años, falleció con heridas de bala protegiendo con su propio cuerpo a sus estudiantes. Así hallaron los policías a la fallecida, según indicaron las autoridades. Por otro lado, encontramos la indescriptible historia de Victoria Soto. La joven de 27 años estaba dando clase tranquilamente cuando escuchó los disparos del tiroteo. Entonces, su reacción no fue otra que esconder rápidamente a todos sus alumnos en un armario y dar ella la cara por ellos. Eso sí, como si de un juego se tratase con tal de que los niños de primero de primaria, permanecieran escondidos y en silencio. Entonces, el asesino entró en la clase donde se topó con la profesora. Ella, le explicó que sus alumnos se encontraban en el gimnasio. Fue entonces cuando él la hirió de muerte, y siguió su camino en busca de más víctimas.
Estas son las historias de estas tres personas que interpusieron las vidas de esos niños por delante de la suya propia. No siempre es fácil ver el Vaso Medio Lleno, y menos en tragedias así que ninguno de nosotros nos podremos explicar nunca. Aunque sí es verdad que sirven para hacernos entender que no todo en la vida tiene un por qué, ya que al menos yo, no soy capaz de meterme en la cabeza del chico que tenía aproximadamente mi edad y que fue capaz de cometer tal atrocidad. Por otro lado, tal vez sea hora de que Estados Unidos se replantee cambiar su reglamento de armas. Desgraciadamente, este tiroteo se suma a una larga lista de hechos de este tipo que han ocurrido en los últimos años. Algo falla.
En cualquiero caso, yo hoy solo quería hacerles un pequeño homenaje a estos tres reyes magos, que han hecho el mejor regalo de navidad del mundo que se puede hacer a unos padres; salvar la vida de sus hijos. Y a mí, sin duda, me da absolutamente igual un ser despreciable (es más que eso, pero no encuentro adjetivos ni para describirlo) llamado Adam Lanza del que no dejan de hablar todos los medios. Para mí, sin duda, las tres protagonistas de esta historia son ellas.
Heroínas de Newton
Elisa Cuevas Pomar

La gamificación, o como permitir que lo inaguantable sea más soportable

Sufrir de cáncer, muchas veces puede llegar a ser insoportable. Sobre todo cuando se trata de niños. Pero para hacerlo más aguantable, un hospital de Toronto para niños enfermos, conocido bajo el nombre de SickKids, está desarrollando una prueba original.
Tras la petición de sus oncólogos pediatras para una mejorara del seguimiento y la gestión del bienestar físico y mental de los niños se ha creado (en colaboración con la agencia Cundari) una aplicación Iphone: Pain Squad (escuadrón del dolor en español).

Se presenta como un juego cooperativo, donde los chicos toman el papel de policías que investigan sobre el dolor. Para poder pasar niveles, deben contestar de forma rigorosa y precisa sobre cuestiones relativas a las dolores que tienen, su intensidad y su localización pero también sobre la manera en que impactan su estado de ánimo. Lo que facilita el seguimiento médico, que muchas veces los jóvenes viven como una verdadera condena.

El proyecto está teniendo un éxito retundo. Hasta el momento participan niños de 9 a 18 años mediante iPhones que les entrega la clínica. Olivia, una niña de 11 años explica: “Rellenar un diario en papel, es como hacer mis deberes, con Pain Squad es completamente distinto”. Frente a estos resultados la aplicación se implantó en otros centros de oncología canadienses.

Pronto, la aplicación estará difundida a mayor escala. El objetivo final sería que este utilizada en todos los hospitales canadienses. Y porqué no, en otros países y aplicada a otras enfermedades. De hecho la Cundari afirmó que la extensión del proyecto solo dependía de la existencia de centros interesados.

Solo en España cada año se diagnostican 850 nuevos casos de niños con cáncer. Las enfermedades no son un juego, pero el hecho que se crean iniciativas, interactivas o no, con el propósito de que se vivan mejor, es una noticia de lo más positiva. Tal vez no seria mala idea empezar a imitarlos en Europa…

Lucie Costamagna

Llévalos a la escuela

En el mundo, más de 61 millones de niños que deberían ir a la escuela no tienen acceso a la educación. Más de la mitad se sitúan en África. Según la Unesco, la cifra ha disminuido de forma importante: en 1990 eran 105 millones; lo que corresponde casi a la población total de España e Italia juntas. Las mejorías más destacables han ocurrido tras el año 2000 (El fórum Mundial sobre la educación) y 2005. Sin embargo, desde entonces los progresos se estancan; muchas veces porque si el número de niños escolarizados sigue aumentando, la población lo hace todavía más rápido.

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Frente a estas cifras queda claro  que para paliar el problema quedan muchísimas cosas por hacer e iniciativas por crear. Llévalos a la escuela es una especie de campaña digital multi-soportes propuesta por OgilvyOne Madrid  para ING Direct y UNICEF. Primera “operación humanitaria 2.0”: ING apuesta por la interactividad para recolectar fondos en su combate con UNICEF. Gracias a una aplicación disponible sobre Apple Store y Android Market, podemos liberar niños de la calle y ofrecerles un acceso a la escuela.

Por ello hay que comprar la aplicación; (0,79€ ¡para una buena causa !), inscribirse y pegar su teléfono al ordenador. Un niño sale de la pantalla y sube dentro del teléfono. Todos los beneficios están íntegramente destinados al avance de los programas de educación en Zambia, India y Brasil. Una pequeña iniciativa llena de creatividad para un efecto máximo. Por mi parte ya está hecho: súper sencillo y muy divertido ¡Sonrisa garantizada!

Seguramente quedarán algunos escépticos para decir que se trata una vez más de una manipulación por parte de un banco con el fin de mejorar su imagen corporativa. Pero frente a los resultados constatados, me permito darle la vuelta a la cita de Maquiavelo y afirmar que aquí los medios justifican los fines. Porque hasta el momento Llevalos a la escuela ha conseguido más de 300.000 euros de donaciones y parece que ING Direct ha decidido perseguir la campaña de modo indeterminado. También cabe recordar que el Programa ING Chances for Children, fruto de un acuerdo entre ING Direct y UNICEF para una acción existe desde 2005. Y desde su lanzamiento, ha logrado la escolarización de más de 600.00 niños en situación desfavorecida.

“De la educación de su pueblo depende el destino de un país”

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Lucie Costamagna

Una misionera en África

Se llama Araceli Guardeño, es madrileña y forma parte de la congregación de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia . Ha vivido 15 años y medio en Camerún y otro año y medio en el Congo, y recordar su experiencia allí aún le trae lágrimas a los ojos. Llegó como misionera y muchas ganas de darse a los demás, y lo cierto es que lo que se ha llevado de todos aquellos años es indescriptible. Prácticamente es el cariño de la gente que no tiene nada y te lo da todo, ¿Qué puede haber mejor que esto?
En la República del Congo la esperanza de vida ronda los 55 años, la luz es un lujo, y el Paludismo hace estragos. Muchas personas tienen que andar kilómetros y kilómetros para llegar a la escuela y al trabajo, y los cables de luz van por el suelo, así que es común que en los días de lluvia la gente los pise y muera electrocutada. Es una realidad que a nosotros nos resulta difícil de concebir, pero que desgraciadamente existe. “Y a pesar de todas estas necesidades básicas, del hambre…. les ves con una alegría que no es normal” reconoce Araceli llegando a la clave del asunto.

A pesar de todas estas consecuencias de la injusticia y la pobreza con las que conviven, siempre traerán una sonrisa por delante. Conservan valores que nosotros hoy hemos perdido, como la prioridad de las relaciones. “Allí te paras a hablar por la calle sin ninguna prisa, es como si todo el mundo se conociera, cuando lo cierto es que en nuestro mundo se mueven más por intereses.” Por otro lado, también sorprende su extrema solidaridad cuando no tienen las necesidades básicas cubiertas. A pesar de sus propias condiciones, el día que se enteren de que una vecina necesita cualquier cosa, harán lo posible para hacérselo llegar. Además, y por este mismo motivo, “el africano recibe a gente en su casa aunque no sea de su familia, tú puedes llegar a una de sus casas y siempre habrá una acogida” nos cuenta Araceli recordando el admirable trato que recibió siempre de toda esta gente.

Son muchos los misioneros y voluntarios que se desplazan cada año a países del Tercer Mundo para poner lo que esté de su parte para salvar las condiciones en las que allí se vive. Araceli, como una de ellas, nos cuenta que su labor era estar con la gente y compartir con ellos sus vidas. En el Congo, por ejemplo, hay una barbaridad de niños desamparados en la calle, y ellas ante este tipo de necesidades, se encargaban de abrir comedores sociales, escuelas…todo con sus propias manos y la ayuda de la gente. Por otro lado, entre todas estas ayudas, una que estaba subrayada en su agenda era la dedicación a las mujeres. Aunque no se les reconozca, son la columna vertebral de la economía de África; trabajan la tierra, hacen el comercio, sacan a su casa y a sus hijos adelante…Y a pesar de todo esto, aún no se les tiene en cuenta, y el camino hacia la igualdad que les queda por recorrer es inmenso.

Para acabar, reconoce que “África tiene algo especial. África tiene el ritmo en el cuerpo, tiene la cultura, tiene el paisaje…”. Para ellos cualquier excusa es buena para reunirse en una celebración; las danzas, los ritos y los cánticos nunca faltan. Desgraciadamente, la vida no vale nada a pesar de que la cultura africana la valora muchísimo, y cuando llega la muerte, la explicación de esta se atribuye en muchos casos a una especie de maleficio o brujería que ha caído sobre el difunto. En África no existen fronteras en el sentido de las religiones; se juntan con facilidad católicos, protestantes o musulmanes sin ningún tipo de prejuicio. Y, en África, la gente es especialmente agradecida. Por cualquier cosa que hagas por ellos, te traen un puñado de cacahuetes, te ofrecen un trozo de jabón o te hacen alguna de sus comidas. En África la gente no tiene nada pero lo tiene todo.

Esta es la historia de Araceli, una mujer aventurera que logró olvidarse por completo de su país y de la gente que conocía y se dio por completo a la pobreza de esos países. Dejó de lado un lugar en el que lo tenía todo para llegar a otro en el que las personas sonreían aunque no tuviesen nada. Allí vivió las experiencias más fuertes y aprendió desde subirse a un árbol a cambiar el aceite de un coche. Fue un día a día de supervivencia que la ha hecho más fuerte, y ha cambiado su visión de nuestro mundo para siempre. Confiesa que ahora de vez en cuando va revisando su armario para comprobar que no se llena y que solo tiene lo imprescindible, y que después de ver las pobrezas que vio, cuesta volver a nuestro mundo material y escuchar a la gente discutir por lo que en realidad son tonterías. Allí vio miseria, vio desgracia, vio enfermedades…pero si tiene otra vez la oportunidad, sin duda alguna, volverá.

Elisa Cuevas Pomar