Tenemos el piso vacío, ¿Por qué no se lo cedemos a alguna familia que lo necesite?

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¿Habéis visto alguna vez la película “cadena de favores”?

El drama, basado en la novela homónima de Catherine Ryan Hyde, trata de un profesor de 7º grado que manda a sus alumnos un trabajo de ciencias en el que tienen que encontrar maneras para hacer un mundo mejor, o al menos el mundo más cercano a ellos. El protagonista de la historia se toma muy en serio la propuesta de su profesor y crea un sistema ingeniosamente simple: su idea consiste en ayudar a tres personas en algo que no podrían lograr por sí mismos, y en lugar de que el favor se le sea devuelto a uno, cada una de estas tres personas deben ayudar a otras tres personas mas, y así sucesivamente hasta llegar a todo el mundo. Cuando vi el siguiente titular me acordé de esta película:

“La cesión gratuita de pisos, una solución para las familias desahuciadas”

Desde el 2007 hasta este año se han dado cerca de 400.000 ejecuciones hipotecarias en España. 400.000 personas que se han quedado sin hogar. Debe ser casi imposible imaginar lo que se debe sentir en una situación así. Pero es posible imaginárselo, recordando ejemplos extremos de desolación e impotencia como los de Amaya de Barokaldo o Jose Miguel de Granada, entre los muchos más que no han llegado a los medios.

Es cierto que por parte del Gobierno, se están buscando diferentes soluciones, y tomando medidas para solucionar este problema que afecta tan directamente a las personas que formamos este país. Pero mientras tanto los ciudadanos normales y corrientes como nosotros, creamos nuestras propias medidas cargadas de generosidad y solidaridad, para ayudar a nuestros iguales. Soluciones que se basan simplemente en querer ayudar a los demás, sin ningún incentivo, sabiendo que con eso que no nos cuesta tanto ofrecer podemos hacer felices a muchas personas que lo están pasando mal. La verdad que me parece increíble, es como un regalo adelantado de navidad para esas personas.

El primero que comenzó esta cadena fue un matrimonio de Gijón (Asturias) que anunció en un periódico que cedía gratuitamente por un año un piso “a quien más lo necesitase”. Debe ser difícil hacer una elección así, pero estableció una prioridad: las familias con hijos victimas del desahucio. En poco más de un día recibieron 800 llamadas.

También me parece importante darse cuenta de que esta vez el origen de este gesto no surge de una fundación u organización (que siempre son geniales), si no que nace en una pareja normal, y con una de las preguntas más románticas que he leído: “Nena, tenemos el piso vacío, por que no se lo cedemos a alguna familia que lo necesite?”

Y no solo son parejas, o familias las que tratando de ayudar a sus iguales se unen a esta iniciativa. Antonio es un promotor inmobiliario que hace dos años terminó la construcción de 25 viviendas que nunca se llegaron a vender. Se dió cuenta de lo triste que era que hubiese tantos pisos vacíos, cuando había tanta gente en la calle, y decidió a través de una fundación y con la colaboración del ayuntamiento ocupar los 25 pisos. Antonio cuenta que “hay ventajas fiscales, pero son muy pequeñas. Y lo que realmente importa es ayudar a las familias que lo estén pasando realmente mal”. La única condición que se pone para poder conseguir uno de estos pisos es “haber sido desahuciado”.

Por otro lado las redes sociales también se han ocupado de poner su pequeño grano de arena. Fue a través de Facebook donde una joven gallega (antropóloga en paro) propuso buscar una seria solución para el problema de la vivienda. Otra joven que vió su entrada le respondió ofreciéndole un piso en alquiler completamente gratis, a cambio de que lo mantuviese en condiciones.

Es cierto, que para que estos ejemplos se parezcan a la cadena de favores de la película, el favor debería de ser devuelto. Pero yo creo que en este caso no es necesario devolverlo, porque a veces, lo que se siente al hacer algo bueno por alguien sin pedir nada a cambio, es la mayor recompensa del mundo.

 

Paula García Mora

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